Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Revolvió su archivo, tomó una bolsita, descorrió la jareta y sacó de ella un impreso muy doblado y arrugado, revelando que había sido manoseado muchas veces.
Era La Tribuna de Buenos Aires.
En ella había marcado un artículo sobre el gran ferrocarril interoceánico.
Me lo indicó, diciéndome:
—Lea, hermano.
Conocía el artículo y le dije:
—Ya sé, hermano, de lo que trata.
—¿Y entonces por qué no es franco?
—¿Cómo franco?
—Sí, usted no me ha dicho que nos quieren comprar las tierras para que pase por el Cuero un ferrocarril.
Aquí me vi sumamente embarazado.
Hubiera previsto todo, menos argumento como el que se me acababa de hacer.
—Hermano —le dije—, eso no se ha de hacer nunca y si se hace, ¿qué daño les resultará a los indios de eso?
—¿Qué daño, hermano?
—Sí, ¿qué daño?