Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Cuando vacilan, dudando de si el objeto se mueve o no, recurren a un medio muy sencillo para salir de duda. Toman el cuchillo por el cabo, lo colocan perpendicularmente en la nariz y dirigen la visual por el filo, que sirve de punto de mira; y es claro que si el objeto se desvÃa de él no está inmóvil, debe ser un árbol, un arbusto, una espadaña, una carda, cuyas proporciones crecen siempre en el espacio por los efectos caprichosos de la luz.
A propósito de carda, no vayas a creer Santiago eso, que me refiero al cardo, que no existe en la Pampa, propiamente hablando.
La carda se le parece algo, es más bien una especie de cactus, crece hasta tres varas y produce unas bellotas verdes granulentas, como la fruta mora, en las que, cuando están secas, se encuentra un anillo que es la crisálida del tábano.
La carda es un gran recurso en el campo Su leña no es fuerte, pero arde admirablemente. Es como yesca, y las bellotas cuando se queman forman unos globulitos preciosos que parecen fuegos artificiales y distraen en sumo grado la imaginación.
Alrededor de un fogón de carda puede uno quedarse horas enteras entretenido, viendo al fuego devorar sin saciarse con pasmosa rapidez cuanta leña se le echa, brillar y desaparecer las bellotas incandescentes como juegos diamantinos.