Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Siguió callado, bajó la vista, la fijó en la tierra e hizo un ademán con los hombros, hundiendo el pescuezo en ellos, como quien dice: no sé, qué le importa a usted.
—Tú has de ser algún bellaco —le dije.
No contestó.
Entonces, dirigiéndome al más joven:
—Y tú, ¿quién eres? —le pregunté.
ParecÃa un cuadrumano. Era un mono vestido de gaucho. También estaba afeitado a lo indio, y su ropa era nueva y de buena calidad. TendrÃa diez y ocho años.
—Soy hijo del mayor Colchao —me contestó.
—¿Hijo del mayor Colchao? —repuse con extrañeza.
Una cautiva que se habÃa llegado a nosotros, me dijo:
—Es mi marido.
—¿Tu marido?
—SÃ, señor.
¿Cómo es eso?
—El cacique me ha casado con él.