Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Cuando llegaba a esta parte de mis investigaciones sobre la justicia pampa, le pregunté a San
—¿Y cuando le roban a un indio pobre, que tiene poca familia y pocos amigos, y el ladrón es más fuerte que él, qué hace?
—Nada —me contestó.
—Cómo, ¿nada?
—Señor, si aquà es lo mismo que entre los cristianos, los pobres siempre se embroman.
Calixto Olazábal metió su cuchara, y quemándose los dedos y la boca con una tira de asado revolcado en la ceniza dijo:
—Y asà no más es, pues. Yo entré una vez en una revolución con don Olazábal. Después que las bullas pasaron a él lo hicieron juez en el RÃo Cuarto y a mà me echaron de veterano en el 7 de caballerÃa de lÃnea. ¡Eh!, como a él no le faltaban macuquinos, la sacó bien.
—Tú eres un entrometido y un bárbaro —le dije.
—Asà será, mi Coronel; pero yo creo que tengo razón —repuso.
—¿Qué sabes tú, hombre?
—Mi Coronel, si los pobres son como los caballos patrios, todo el mundo les da.