Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Pero todos los hombres no tienen amigos que paguen por ellos.
—Aquà sÃ; no ve, señor, que en cada toldo hay allegados, que viven de lo que agencia el dueño.
—¿Y si se les antoja no pagar?
—No sucede nunca.
—Puede suceder, sin embargo.
—PodrÃa suceder, sÃ, señor; pero si sucediese, el dÃa que a ellos les faltase nadie les darÃa.
—¿Cada indio tendrá una cuenta muy larga de lo que debe y le deben?
—Todo el dÃa hablan de lo que han recibido y dado con vuelta.
—¿Y no se olvidan?
—Un indio no se olvida jamás de lo que da ni de lo que le ofrecen.
—¿Me has dicho que cuando una vaca era para comercio tenÃa precio?
—Sà señor.
—ExplÃcame eso.
—Señor, comercio es, que el que tiene le haga un cambio al que no tiene.
—¿Entonces, si un indio tiene un par de estribos de plata y no tiene qué comer, y quiere cambia los estribos por una vaca, los cambia?
—No se usa; le darán la vaca con vuelta y él dará los estribos con vuelta también.