Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles De consiguiente, porque no pueda definir lo que experimenté cuando me vi perdido en el monte, no por eso dejará de creerse que fue miedo.
¿Cuánto duró? Pocos instantes.
Quizá si hubiera durado más, lo hubiera podido definir.
Me hallaba perplejo, sin saber qué hacer, mi caballo caminaba en la dirección que querÃa, yo estaba desorientado y todo era igual, lo mismo un rumbo que otro.
Asà habÃa vagado un breve instante a la ventura, cuando sentà un tropel, cerca, muy cerca de mÃ. La emoción, sin duda, no me habÃa permitido oÃrlo antes.
Hay situaciones en que, según las disposiciones del espÃritu, el zumbido de una mosca, el susurro de una hoja parecen una tempestad; y otras en que no se oye ni el estampido del cañón. Yo he visto en el campo de batalla hombres asustados, poseÃdos del terror, pánico, huir hacia el enemigo, que no reconocÃan a quien les hablaba, ni oÃan lo que se les decÃa.
Dando vueltas habÃa caÃdo al camino. Me incorporé a un grupo que pasaba al galope y seguÃ. Salimos a un descampado. Algunas estrellas brillaban entre nubes errantes, que a impulsos de un vientecito que se habÃa levantado, corrÃan de naciente a poniente, presagiando que al salir la luna tendrÃamos luz.