Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Garmendia gozaba como en el dÃa de sus primeras revelaciones. Yo me sentÃa orgulloso de contar en mis filas un nene como aquél.
Confieso que le amaba.
Esa misma noche, y con motivo de las interminables preguntas de Garmendia, supe que Gómez habÃa padecido en otro tiempo de alucinaciones.
Explicónos en su media lengua, lo mejor que pudo, que en Buenos Aires, siendo más joven, habÃa tenido una querida. Que esta mujer le habÃa sido infiel y que habÃa estado preso por una puñalada que le diera.
Al recordarla, una especie de celaje sombrÃo envolvió su rostro, al mismo tiempo que cierta sonrisa tierna vagó por sus labios.
La curiosidad aumentaba el interés de este tipo, crudo, enérgico y fuerte, tan común en nuestro paÃs.
Inquiriendo las causas que armaron el brazo de este Otelo correntino, sacamos en limpio que su querida no habÃa faltado a los compromisos contraÃdos o a la fe jurada.