Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Chañilao no es sanguinario; ha vivido entre los cristianos y entre los indios alternativamente. En el RÃo Cuarto tiene amigos; Camilo Arias, mi fiel e inseparable compañero, es uno de ellos. La última vez que emigró de allà fue por prevenciones infundadas.
Esa es nuestra tierra —como nuestra polÃtica suele consistir en hacer de los amigos enemigos, parias de los hijos del paÃs—, secretarios, ministros, embajadores de los que nos han combatido.
Solemos ser justos con los nuestros, con los adversarios somos siempre débiles.
Solemos ser tolerantes con los que transigen, con los que se hacen un honor y un deber de tener conciencia, jamás.
Para ellos está reservada la crÃtica irritante, acerba.
El peor papel que puede representar el patriotismo a los ojos de las medianÃas, es tener carácter.
Más hábiles en el arte de reclutar nulidades, de seducir traficantes y especuladores, que dispuestos a admirar el talento y la probidad; más capaces de claudicar que de imponerse por la elevación moral, prefieren los que se doblegan a los que firmes sobre el pedestal de sus creencias tienen la osadÃa de exclamar: ¡yo pienso asÃ!