Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Era el mes de abril del año 1885. Íbamos de pasajeros, de Mendoza para Córdoba en una galera, el doctor don Eduardo Costa, Alejandro Paz y don Francisco Civit, todos excelentes compañeros de viaje. En el primero, sobre todo, nadie habría sospechado un hombre tan avenido y varonil.
En el Río Cuarto el general don Emilio Mitre nos había dado la noticia de la primera agresión de López. Teníamos una impaciencia febril de llegar a Córdoba, donde se hallaba el doctor Rawson.
En la referida posta le pregunté yo al dueño de casa, que era un vejete bastante alentado:
—¿Y, qué noticias tiene, paisano?
—Ningunas —me contestó.
—Pero hombre —agregué asombrado—; ¿no sabe usted que los paraguayos han invadido la provincia de Corrientes con cuarenta mil hombres; que nos han apresado unos vapores; que han robado, incendiado y cautivado muchas familias?
Por toda contestación exclamó, con la tonada consabida:
—¡Lo bueno que por aquí no han de llegar!
¡Qué consoladora ingenuidad! Pero qué bien pinta el estado moral de un país.