Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Estaba impaciente de conversar con Mariano Rosas a ver si me hablaba con la misma franqueza de Baigorrita, su aliado, a la vez que su rival en la justa pretensión de adquirir prestigios entre todas las indiadas.
San Martín, completando el pensamiento de mi compadre, me dijo de su cuenta:
—Así son los indios, señor; y como Baigorrita es cacique principal, tiene que tener mucho cuidado con Mariano; los indios son muy desconfiados y celosos; para andar bien con ellos, es preciso no aparecer amigo de los cristianos.
Baigorrita le interrumpió y me hizo decir que ya era tarde, que quería ponerse en marcha.
Mis tropillas acabaron de llegar; mandé mudar la operación se hizo prontamente y un momento después abandonamos la raya.
Ordené que mi séquito se fuera despacio por el camino de Leubucó, y con Camilo Arias y un asistente tomé para el sud en compañía de mi compadre.
Varios indios, entre ellos el de las muletas, le acompañaban. Me presentó a algunos que no me habían visitado en Quenque; tuve que sufrir sus saludos, apretones de mano, abrazos y pedido, y en el sitio donde hablamos pasado la noche que precedió a la junta, nos dijimos adiós.
Conforme fue cordial la recepción de Baigorrita, así fue fría la despedida.