Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Imaginaos un árabe con gran nariz aguileña, de barba y cabellos canos y tendréis su retrato.
Sus primeros estudios los hizo en la escuela del señor don Juan A. de la Peña, donde yo le conocí.
Después cursó las aulas universitarias, preparándose para entrar en la escuela de medicina, de la que salió doctor.
Su vida ha tenido grandes alternativas; ha sido médico leñatero en las islas del Paraná e industrial en el Chaco, entre cuyos indios pasó algunos años voluntariamente. Hay algo de poético, de novelesco y misterioso en esta existencia, mas yo no debo descorrer el velo sino hasta aquí.
Por muchísimos años, Macías y yo nos perdimos de vista; desde la última vez que nos vimos en la escuela de primeras letras, no nos habíamos vuelto a encontrar hasta el día de mi arribo a Leubucó.
Macías había tenido el desgraciado talento de ponerse mal en Tierra Adentro con casi todos los que habrían podido ayudarle a pagar los menos malos tratos posibles.
Tiene un carácter extraño, indómito y dócil, firme y versátil a la vez. Es capaz de acometer una empresa arriesgada y no tiene valor personal.
Estas dos últimas faces de su carácter explican su presencia entre los indios, sin ser cautivo, y su falta de prestigio entre ellos.