Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Macías estaba en el Río Cuarto por el año 1867.
El coronel Elía, jefe de la frontera de Córdoba, había iniciado una negociación de paz con los indios.
Se ofreció y partió con las credenciales correspondientes.
Pero sea que el coronel Elía no estaba autorizado para negociar un tratado de paz; sea lo que fuera, el hecho es que el plenipotenciario fue abandonado a sus propios recursos y a su suerte.
Por falta de tacto o por falta de suerte, fatalidad que suele obscurecer las dotes más relevantes del hombre, burlar sus planes y desvanecer sus ilusiones unas tras otras, lo mismo que los vendavales deshojan los árboles más frondosos, Macías se convirtió de plenipotenciario en prisionero.
Escribió y escribió; sus cartas no fueron contestadas. Hasta el soldado que en calidad de asistente le acompañaba, le abandonó.
Solo, sin sirviente ni medios de subsistencia, maturrango, ¿de qué había de vivir, ni cómo había de escaparse?
Tuvo que aceptar el pan de los indios y de los cristianos refugiados entre ellos por causas políticas.
Por debilidad, por falsos cálculos, por conveniencia, qué sé yo por qué, se vinculó a los últimos y riñó con ellos después.