Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Esta vulgaridad surtió todo el efecto deseado, porque álvarez me contestó: —Eso es lo que yo digo, aquà hay algo.
Más tarde volvió a decirme que se habÃa encontrado un cuchillo ensangrentado cerca del lugar del crimen; pero que habiendo muchos iguales no se podÃa saber si era el del cabo Gómez o no; que después lo sabrÃa y me lo dirÃa, porque era claro que si Gómez tenÃa el suyo, el asesino no podÃa ser él.
Aunque era cierto que la desaparición del cuchillo de Gómez podrÃa probar algo, también podrÃa no probar nada. Era, sin embargo, mejor que resultase que el cabo tenÃa el suyo.
Otro cabo, Irrazábal, hombre de toda mi confianza, que habÃa sido mi asistente mucho tiempo, fue de quien me valà para saber si Gómez tenÃa o no su cuchillo.
Irrazábal estaba de guardia, de manera que no tardé en salir de mi curiosidad.
Gómez tenÃa su cuchillo, y en la cintura nada menos.
Quedéme perplejo al saberlo.
Voy a pasar por alto una infinidad de detalles.
SerÃa cosa de nunca acabar.