Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Arrullado por su infernal gangolina me dormÃ.
Toda la noche tuve los sueños más estrafalarios. Asà como casi todos los sentimientos de nuestra alma proceden de las sensaciones de la bestia; asà también casi todas las visiones del espÃritu dormido viene de lo que hemos visto o contemplado despiertos, con los ojos del cuerpo o con los de la imaginación.
Yo soy como los patanes.
Nunca tengo presentimientos en sueños.
Yo no he de ver nunca, como PÃndaro, que las abejas depositan su miel en mis labios.
Ni como HesÃodo, nueve mujeres hechiceras, que fueron las musas que lo inspiraron.
Ni como Escipión, Numancia destruida, o Cartago derribada.
Ni como Alejandro delante de Tiro, que Hércules me presenta la mano desde lo alto de las murallas.