Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Para que yo viese, a la verdad, en sueños, serÃa menester que fuese más sobrio y virtuoso, o es falso lo que dice Sócrates, que un cuerpo saciado de placer o repleto de alimentos y de vino, le hace experimentar al alma sueños extravagantes; de donde se deduce que los emperadores, los reyes, los presidentes, los ministros y los diputados, todos, todos aquellos, en fin, que deben saber lo que hacen, y que a más de esto deben procurar leer en lo futuro, desde que gobernar es prever, deben ser gente muy parca en el comer y muy moderada en el beber, amén de otras cosas indispensables para que la digestión se haga regularmente.
Yo no puedo tener sueños como los que tuve la última noche que pasé en Leubucó.
O he de ver disparates, que no se han de cumplir; o he de ver disparatadas las cosas que se cumplieron.
O he de soñar que me han proclamado emperador de los Ranqueles, que Lucius Victorius Imperator, ha hecho coronar emperatriz a la china Carmen; o he de soñar que el baile de los indios está en moda en Buenos Aires y que el botÃn con taco a lo Luis XV ha sido reemplazado por la botita, de potro de cuero de gato.
Por el estilo fueron mis sueños.