Una excursión a los indios Ranqueles

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La loca de Séneca. El sueño cesáreo se me había convertido en sustancia. Batida inesperada de Mariano Rosas. Un bárbaro pretende que un hombre civilizado sea su instrumento. Confianza en Dios. El hijo del comandante Araya. Dios es grande. Una seña misteriosa.

Los respeto sólo porque ya son viejos y murieron.

Me desperté con la cabeza hecha un horno; había soñado tanto qué mis ideas eran un, embolismo.

De pronto no pude darme cuenta de lo sucedido durante la noche.

Confundía los hechos reales con las visiones; me parecía que había soñado con mi comadre Carmen, con Epumer y el negro del acordeón, y que lo que había visto en sueños era verdad.

Amanecía recién; la luz del crepúsculo entraba en el rancho por sus innumerables agujeros y lo iluminaba con fantásticos resplandores.

La cama era tan dura que estaba entumecido; me movía con dificultad.

Las impresiones del sueño persistían; no dormía y veía lo mismo que había visto dormido.

Durante un largo rato estuve como la loca de Séneca: era ciega y no lo sabía; pedía que la hicieran cambiar de casa porque en la que habitaba no se veía nada.

Yo estaba despierto y no lo sabia.


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