Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Entraron unos y otros, les di ciertas órdenes, se retiraron y asà que estuvimos solos con Camilo, le pregunté:
—¿Qué hay?
—Acabo de oÃrles, en el corral, una conversación a unos indios —me contestó.
—¿Qué decÃan?
—Que nos iban a salir a la cruzada.
—¿Por dónde?
—Por los montes de la Jarilla.
—¿Y qué más decÃan?
—Que a mà me tenÃan mucha gana; que yo he muerto muchos indios, que a un capitanejo le he dado un sablazo en la cara, que todavÃa tiene la cicatriz, que a otro lo hice prisionero y se lo llevaron a Córdoba.
—¿Nada más decÃan?
—SÃ, señor; decÃan más: que usted me ha traÃdo a mà por burlarse de ellos.
—¿Y saben que me voy?
—SÃ, señor, y que va a dormir en el toldo de Ramón.
Me decÃa esto, cuando una voz que yo no podÃa oÃr sin experimentar una conmoción nerviosa, dijo desde la puerta del rancho sin asomarse:
—Con el permiso de su mercé.