Una excursión a los indios Ranqueles

Una excursión a los indios Ranqueles

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sucesivamente se me incorporaron los que se habían quedado atrás. Viendo que faltaba Macías, pregunté por él. Ahí viene, me contestaron. Efectivamente, a poca distancia se veía el polvo de un jinete. Llegó éste. Yo conversaba con Manuel López mirando en otra dirección. Al sentir sujetar un caballo, di vuelta, y creyendo ver a Macías, vi… ¡Horrible visión! ¡horrible most horrible! al negro del acordeón. Quiso hacer sonar su abominable instrumento; se lo impedí.

¿Qué venía a hacer?

Después lo sabremos.

Esperé a Macías un rato.

No apareció.

—Lo han de haber hecho quedar —me dijo el capitán Rivadavia—; yo por eso le dije, cuando usted se puso en marcha, viéndolo que perdía el tiempo en despedidas: Siga, amigo, con el Coronel.

Estábamos en un bajo hondo; mandé dos hombres al galope a ver si divisaban algunos polvos.

Partieron, y cuando ya iba a obscurecer, volvieron diciéndome que nada se veía.

No era posible esperar más.

Hice algunas prevenciones sobre el orden de la marcha por el monte, porque la noche estaba muy oscura, y partimos.

¡Qué poco había durado la felicidad de Macías!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker