Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Un alicate.
—Bueno.
—Un crisol.
—Bueno.
—Un bruñidor.
—Bueno.
Piedra lápiz.
—Bueno.
—AtÃncar.
Ramón habÃa ido enumerando las palabras anteriores, sin necesidad de lenguaraz, pronunciándolas correctamente.
Al oÃrle decir atÃncar, le pregunté:
—¿AtÃncar?
—SÃ, atÃncar —repuso.
—DÃgame el nombre en lengua de cristiano.
—Asà es, atÃncar.
Iba a decirle: ése será el nombre en araucano; pero me acordé de las lecciones que acababa de recibir, de mi humillación en presencia del fuelle, de mi humillación ante doña Fermina, discurriendo como un filósofo consumado y en lugar de hacerlo, le pregunté:
—¿Está usted cierto?