Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles —Hasta aquí no más —le dije, haciendo alto.
—Como guste —me contestó.
Nos dimos la mano, nos abrazamos y nos separamos.
Su comitiva me saludó con un ¡hurrah!
—¡Adiós! ¡Adiós! —gritaron varios a una.
—¡Adiós!, ¡Adiós! ¡Amigo! —gritaron otros.
Y ellos partieron para el sur, y nosotros para el norte, envueltos en remolinos de arena que obscurecían el horizonte como negra cortina.
Mi cálculo era llegar a la Verde al ponerse el sol.
Llegué a un campo pastoso, hice alto un momento; la arena nos ahogaba.