Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles ¿Era que iba, a separarme de mis compañeros, de los que en aquella extraña peregrinación habían compartido conmigo todas las privaciones, todas las fatigas, todos los azares de que nos vimos rodeados, y que unas veces dominé con la paciencia, otras con la audacia y el desprecio de la vida?
¿O que habiendo pasado el peligro la imaginación se abismaba en sí misma, absorta en la contemplación de sus propios fantasmas?
¿No os ha sucedido alguna vez después de uno de esos trances heroicos, en que se ve de cerca la muerte con ánimo sereno, sentir algo como un estremecimiento, y tener miedo de lo que ha pasado?
¿No os ha sucedido alguna vez, luchar brazo a brazo con la muerte, vencer y experimentar en seguida, después que la crisis ha pasado completamente, un sacudimiento nervioso, que es como si un eco interior os dijese: Parece imposible?
¿No habéis corrido alguna vez a salvar un objeto querido al borde del precipicio, salvarle instintivamente y mirándole sano y salvo, algo como un desvanecimiento de cabeza, no os ha hecho comprender que la existencia es un bien supremo; a pesar de las espinas que nos hincan y lastiman en las asperezas de la jornada?