Una excursión a los indios Ranqueles
Una excursión a los indios Ranqueles Es que por el camino del Bagual, entrando o saliendo, jamás se carece de agua, de esa agua que es el más formidable amigo del caminante y de su valiente caballo, en el desierto de las pampas argentinas.
Al sud, avanzando hacia las tolderÃas, Ranquileo y el Médano Colorado ofrecen seguras aguadas y pasto, quedando sobre el mismo camino.
Era temprano aun, habÃa galopado bien, y no teniendo por qué apurarme, seguà la marcha a ver si llegaba a Agustinillo antes de salir la luna.
Galopábamos cruzando las sendas tortuosas de un monte espeso, cuando distinguimos cinco bultos a derecha e izquierda del camino.
—¿Qué es eso? —le pregunté a Camilo.
—Son caballos —me contestó.
—Pues arriemos con ellos —agregué.
Y esto diciendo formamos un ala y arrebatamos del campo los cinco animales, incorporándolos a las tropillas.
¿A quién pertenecÃan?…
Aquella noche comprendà la tendencia irresistible de nuestros gauchos, a apropiarse lo que encuentran en su camino, murmurando interiormente el aforismo de Proudhon: «La propiedad es un robo».
Mora dijo:
—Han de ser de los indios.
Yo contesté: