Del arte de la guerra
Del arte de la guerra LUIS —Puesto que bajo mis órdenes acaba de ganarse una victoria tan honrosa, me parece prudente no tentar más a la fortuna, sabiendo cuán inestable y caprichosa es. Abdico, pues, la dictadura y dejo a Zanobi[35] el cuidado de preguntar, por corresponderle, siguiendo el orden de edad. Bien sé que no rehusará este honor, o, mejor dicho, este trabajo, primero por complacerme y además porque, siendo naturalmente más valeroso que yo, no temerá acometer una empresa en la cual lo mismo puede vencer que ser vencido.
ZANOBI —Haré lo que me digáis, aunque preferirÃa seguir de oyente, pues me han agradado más vuestras preguntas que las que se me ocurrÃan al escuchar la conversación. Perdonad, señor Fabrizio, si os hacemos perder tiempo y consumir la paciencia.
FABRIZIO —Me causáis, al contrario, gran placer, porque el cambio de personas encargadas de preguntar me da a conocer vuestro ingenio y vuestras respectivas aptitudes. ¿Os queda alguna duda respecto al asunto tratado?
ZANOBI —Dos preguntas deseo haceros antes de pasar a otra cosa. La primera que nos digáis si hay alguna otra manera de organizar los ejércitos, y la segunda qué precauciones debe tomar un general antes de entablar la batalla y cómo se remediarán los accidentes ocurridos durante la lucha.