Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

Discursos sobre la primera decada de Tito Livio

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En la misma falta incurren quienes, al invadir su país el enemigo, determinan atrincherarse en los sitios fuertes y guardar los pasos de entrada, porque casi siempre será dañoso, si no se concentra toda la fuerza en algunos de aquellos sitios. Cuando esto es posible, debe hacerse; pero si el punto elegido es agreste y montañoso y no se puede concentrar en él toda la fuerza, resulta la determinación perjudicial. Oblígame a pensar así el ejemplo de los que, atacados por un enemigo poderoso y estando en país rodeado de montañas y sitios agrestes, no intentaron hacerle frente en los montes y desfiladeros, apartándose ellos para atacarle, y cuando no quisieron hacer esto lo esperaron dentro de la comarca montañosa; pero no en sitios quebrados y ásperos, sino abiertos, para poder desplegar todas sus fuerzas. En efecto; no pudiendo reunirse muchos hombres en la defensa de los desfiladeros y sitios montañosos, o por no ser fácil llevar a ellos víveres para mucho tiempo, o porque su estrechez impide colocar allí mucha gente, tampoco es posible sostener en tales parajes el choque de un enemigo que fácilmente llegará a ellos con numerosas fuerzas, pues no intenta detenerse en aquel punto, sino pasar adelante. En cambio el ejército defensor no puede ser grande, porque necesita permanecer más tiempo, ignorando cuándo querrá el enemigo pasar por los desfiladeros abruptos. Al perder estos pasos que te habías propuesto defender y en cuya defensa tu pueblo y el ejército confiaba, se apodera casi siempre del pueblo y de las demás tropas tan gran terror, que antes de poner a prueba su valor resultan vencidos, y perdida toda la fortuna sin haber empleado más que una parte de la fuerza.


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