Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Todos saben cuán difícil fue a Aníbal pasar los Alpes que separan la Lombardía de Francia y los que dividen la Lombardía de Toscana; sin embargo, los romanos le esperaron primero en el Tesino y después en la llanura de Arezzo, prefiriendo exponer sus ejércitos a que los destruyera el enemigo en lugares donde también podían vencerle, a llevarlo a los Alpes, donde lo exponían a perecer por las dificultades del terreno. Quien lea atentamente la historia advertirá que son poquísimos los valerosos capitanes que han intentado defender tales pasos por las razones antes expuestas, y porque no se pueden cerrar todos. Los montes, como los llanos, no solo tienen vías conocidas y frecuentadas, sino otras muchas que los forasteros desconocen y saben los del país, con cuyo auxilio siempre es fácil llegar a determinados sitios contra quien quiera impedirlo. De ello tenemos un ejemplo recentísimo de 1515. Cuando Francisco, rey de Francia, determinó entrar en Italia para recobrar el Estado de Lombardía, los enemigos de esta empresa confiaban, sobre todo, en que los suizos le atajarían el paso en sus montes. La experiencia demostró cuán vana fue esta esperanza. El rey prescindió de los dos o tres desfiladeros que defendían los suizos; llegó por camino desconocido, y se presentó en Italia antes de que aquellos pudieran imaginarlo; sorprendidos y atemorizados se retiraron los suizos a Milán, y todos los pueblos de Lombardía se rindieron a los franceses al ver fallida su esperanza de que los detendrían en las montañas.