Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Comprendió Virginio la causa del silencio, y por orden suya fueron creados veinte tribunos militares, encargándoles de responder y tratar con el Senado. Empezaron estos por pedir que les enviasen a Valerio y Horacio para decirles lo que deseaban. Dichos senadores no quisieron ir si previamente no renunciaban a su autoridad los decenviros, y al llegar al monte donde estaba el pueblo, dijéronles los comisionados de este que querían el restablecimiento de los tribunos de la plebe, la apelación al pueblo de las decisiones de todas las autoridades, y que les entregaran a todos los decenviros para quemarlos vivos. Aprobaron Valerio y Horacio sus dos primeras demandas, y censuraron la última, diciendo: Crudelitatem damnatis, in credulitatem ruitis. Aconsejaron, pues, al pueblo que no mencionara a los decenviros y procurase recobrar el poder y la autoridad, pues no le faltarían después ocasiones de satisfacer sus deseos. De esto se deduce cuán necio e imprudente es pedir una cosa, diciendo de antemano: «Quiero obrar mal con ella». La intención no debe mostrarse antes de lograr por cualquier medio lo que se desea. Basta pedir a uno el arma que tiene, sin añadir: «Te quiero matar con ella». Apoderado del arma, puedes matarle.