Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Cuando, presentado el asunto al pueblo, ve este ganancia, aunque en el fondo se oculte pérdida, y cuando le parece magnánimo, aunque encubra la ruina de la república, siempre será fácil persuadir a la multitud: en cambio, será siempre difícil que apruebe lo propuesto si en la apariencia hay pérdida o cobardía, aunque conduzca a provecho o salvación del Estado. Esto lo demuestran infinitos ejemplos de los romanos y de los demás pueblos antiguos y modernos. Entre ellos el de Fabio Máximo en Roma, de quien opinó pésimamente el pueblo por querer persuadirle de lo útil que era a la república maniobrar lentamente contra el ímpetu de Aníbal, y no presentarle batalla. Calificaba el pueblo de cobardía este consejo, sin advertir su conveniencia y sin que Fabio alegara razones convenientes en su apoyo; y tanto ciega a los pueblos las ilusiones de victorias, que el romano cometió el error de autorizar al general de la caballería de Fabio a presentar batalla, aunque Fabio no quisiera, cuya autorización expuso al ejército a ser destruido, si el prudente Fabio no lo remediara. Y no le bastó esta experiencia, sino que eligió cónsul a Varrón, cuyo único mérito era andar diciendo por las calles y los sitios públicos de Roma que destrozaría a Aníbal en cuanto le concedieran mando en el ejército. Esto ocasionó la batalla y derrota de Cannas, y casi la ruina de Roma.