Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio La segunda cosa digna de atención en el texto citado en el capítulo precedente es que nada hay tan a propósito para refrenar una multitud sobreexcitada, como la autoridad de un hombre grave y respetado que salga a su encuentro. No sin razón dijo Virgilio:
Tum pietate gravem ac meritis si forte virum quem
Conpexere, silent, arrectisque auribus adstant[119].
Por tanto, el que manda en un ejército o en una ciudad donde ocurre un tumulto, debe presentarse ante los amotinados muy sereno y lo más dignamente que pueda, revestido de las insignas de su mando, para inspirar mayor respeto.
