Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Viéndose que resulta cierto cuanto dice la historia respecto de la infantería, deberíamos también juzgar verdaderas y útiles las otras instituciones antiguas. Si las repúblicas y los príncipes lo creyeran, cometerían menos errores, serían más fuertes para contrarrestar el ímpetu de quien viniera a atacarlos, no fundarían esperanzas en la huida, y los que tuvieran en sus manos el gobierno de un Estado sabrían conducirse mejor, o para engrandecerlo o para conservarlo. Comprenderían que aumentando el número de ciudadanos, procurándose aliados y no súbditos, estableciendo colonias que mantengan en la obediencia los países conquistados, reforzando con las presas el Tesoro público, domando al enemigo con invasiones y batallas, y no con asedios de plazas, teniendo al Estado rico y al ciudadano pobre, y conservando cuidadosamente la disciplina militar, es como se hacen grandes las repúblicas, y pondrían freno a toda ambición, arreglando el Estado con buenas leyes, buenas costumbres, renunciando a las conquistas y atendiendo solo a la defensa, para la cual estuviera todo dispuesto, como lo hacen las repúblicas de Alemania, que así han vivido y viven libres hace largo tiempo. Sin embargo, como ya dije otra vez cuando expliqué la diferencia entre organizarse para conquistar y disponerse para la defensa, es imposible que una república pequeña pueda vivir tranquila y gozar de su libertad; porque si no molesta a los vecinos, será molestada por ellos, y esta molestia le producirá el deseo y la necesidad de conquistar. Y si no halla el enemigo fuera lo hallará en casa, como parece indispensable que ocurra en todas las grandes ciudades.