Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Prueban dicha afirmación la conducta y la experiencia de los pueblos tenidos por más sabios y más hábiles en la gobernación, como por ejemplo, los romanos y los espartanos. Si los romanos no construÃan fortalezas, los espartanos ni siquiera consentÃan murallas en sus ciudades, porque querÃan que su única defensa consistiera en el valor de los ciudadanos. Por esto, preguntando un ateniense a un espartano si le parecÃan fuertes las murallas de Atenas, respondió: «SÃ, si dentro de ellas solo hay mujeres».
Un prÃncipe que cuenta con buenos ejércitos, si en las costas o fronteras de sus Estados tiene algunas fortalezas que, mientras reúne sus fuerzas, detengan al enemigo, pueden serle alguna vez convenientes, aunque no necesarias. Pero si el prÃncipe no tiene buen ejército, las plazas fuertes en las fronteras o en el interior le son perjudiciales e inútiles; perjudiciales porque fácilmente las pierde y el enemigo se vale de ellas; y si fueran inexpugnables para el invasor, este las deja a su espalda y no sirven para nada; porque los buenos ejércitos, cuando encuentran seria resistencia, entran en paÃs enemigo sin cuidarse de las ciudades y fortalezas que a su espalda dejan. Asà lo refiere la historia antigua y asà lo hizo Francisco MarÃa al invadir recientemente el ducado de Urbino, dejando tras él diez ciudades enemigas sin hacer caso de ellas.