Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Reflexionando acerca del modo de evitar esta deslealtad o este peligro, no veo otro camino que el de proceder con moderación, no hacer empresa alguna cuestión de amor propio y decir la opinión y defenderla sin apasionamiento, de manera que si el prÃncipe la sigue sea por su exclusiva voluntad y no parezca obligado por importunas instancias. Obrando asÃ, no será probable que el prÃncipe o el pueblo lleven a mal un consejo que no es aceptado contra la voluntad del mayor número. Este resulta peligroso cuando son muchos los que lo contradicen, y, por tanto, si da mal resultado, los que contribuyen a la perdición del consejero. Quien obre como digo, no adquiere la gloria que corresponde al que solo, contra muchos, aconseja cosa que resulte bien; pero en cambio goza de dos ventajas; una, librarse del peligro; otra, que si aconsejas modestamente alguna cosa y por la oposición de tus contradictores el consejo no es seguido, aceptándose el de otro, si de ello resulta alguna catástrofe, tu reputación aumentará considerablemente; y aunque la gloria adquirida a causa de las desgracias de tu república o tu prÃncipe no sea envidiable, debe tenerse, sin embargo, en cuenta.