Discursos sobre la primera decada de Tito Livio
Discursos sobre la primera decada de Tito Livio Quienes estudian bien la historia romana observan cuán útil era la religión para mandar los ejércitos, para reunir al pueblo, para mantener y alentar a los buenos y avergonzar a los malos, a tal punto, que si fuera preciso decidir a cual rey debió más Roma si a Rómulo o a Numa, creo que sería este el elegido[70], porque donde hay religión fácilmente se establecen la disciplina militar y los ejércitos, y donde solo hay ejércitos y no religión es muy difícil fundar esta[71].
Si Rómulo no necesitó de la autoridad de Dios para crear el Senado y otras instituciones civiles y militares, la necesitó Numa, quien simuló estar inspirado por una ninfa que le aconsejaba lo que debía él aconsejar al pueblo; acudiendo a este recurso por la precisión de establecer nuevas y desconocidas reglas de conducta y por la duda de que bastase su autoridad para conseguirlo.
Y en verdad han tenido que recurrir a un dios cuantos dieron leyes extraordinarias a un pueblo, porque de otra manera no hubieran sido aceptadas, a causa de que la bondad de muchos principios la conocen los sabios legisladores, pero no tienen pruebas evidentes para convencer al vulgo, y los que quieren evitarse esta dificultad acuden a los dioses. Así lo hizo Licurgo, así Solón y otros muchos que se proponían el mismo objeto.