Discursos sobre la situación de Florencia tras la muerte del joven Lorenzo de Médicis
Discursos sobre la situación de Florencia tras la muerte del joven Lorenzo de Médicis Sus defectos fueron, entre otros, hacer los escrutinios para largos plazos, en los que eran fáciles los fraudes y la elección podía no ser buena, porque los sorteables no desempeñaban los cargos sino bastante tiempo después del escrutinio y, por los frecuentes cambios de condiciones y sentimientos, aun siendo buenos cuando se produjo el escrutinio, podían no serlo al tiempo de ejercer los empleos, resultando en tal caso el escrutinio bueno y la elección, mala. Además, nada se estableció para impedir a los poderosos formar sectas y bandos, que son la ruina de cualquier Estado.[2] Tenía también la Señoría poca consideración y sobrada autoridad, pues podía disponer, sin apelación, de la vida y hacienda de los ciudadanos, y convocar al pueblo, según su voluntad, a asambleas extraordinarias; convirtiéndose, por tanto, no en defensora del Estado, sino en instrumento de su ruina, siempre que un ciudadano importante lograse dominarla o dirigirla. Además, según he dicho, su reputación era escasa, por figurar en ella con frecuencia hombres abyectos o demasiado jóvenes, y porque los señores lo eran por tan poco tiempo, que no lo tenían para realizar las grandes empresas que dan crédito y fama.