El PrÃncipe
El PrÃncipe No habÃa nadie que, al saber que Antonio da Venafro era ministro de Pandolfo Petrucci, prÃncipe de Siena, no juzgase hombre muy inteligente a Pandolfo por tener por ministro a quien tenÃa. Pues hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sÃ; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que los otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil. Era, pues, absolutamente indispensable que, si Pandolfo no se hallaba en el primer caso, se hallase en el segundo. Porque con tal que un prÃncipe tenga el suficiente discernimiento para darse cuenta de lo bueno o malo que hace y dice, reconocerá, aunque de por sà no las descubra, cuáles son las obras buenas y cuáles las malas de un ministro, y podrá corregir éstas y elogiar las otras; y el ministro, que no podrá confiar en engañarlo, se conservará honesto y fiel.