La Mandrágora
La Mandrágora ESCENA PRIMERA
CALLIMACO y SIRO
CALLIMACO. Siro, no te vayas, es un momento.
SIRO. Ahà me tienes.
CALLIMACO. Imagino que te extrañó mi súbita partida de ParÃs y ahora te extrañará que lleve aquà ya un mes sin hacer nada.
SIRO. Cierto.
CALLIMACO. Si hasta ahora no te he dicho lo que voy a decirte, no ha sido por no fiarme de ti; sino porque creo que lo que uno no quiere que se sepa mejor es no decirlo, a menos que se vea forzado a ello. Pero ahora, como creo que voy a necesitar tu ayuda, quiero explicártelo todo.
SIRO. Soy vuestro criado y los sirvientes no deben preguntar nunca nada a sus amos ni meterse en sus asuntos, pero cuando éstos quieren hacerles partÃcipes han de servirles con lealtad como yo siempre he hecho y he de hacer ahora.
