La Mandrágora
La Mandrágora LIGURIO. Esos frailes son astutos y marrulleros, y es natural, porque saben nuestros pecados y los suyos; y el que no está acostumbrado a tratos con ellos podrÃa equivocarse y no saber cómo sacarles lo que quiere. Por lo tanto, para no estropearlo todo, os ruego que no habléis; porque las gentes como vos, que pasan dÃas enteros en su estudio, saben mucho de libros pero a menudo no saben nada de las cosas de este mundo. (Es tan imbécil que serÃa capaz de estropearlo todo.)
MICER NICIAS. Dime qué es lo que quieres que haga.
LIGURIO. Que me dejéis hablar a mÃ, y que no abráis la boca a menos que yo os lo indique.
MICER NICIAS. Conforme. ¿Cómo me lo indicarás?
LIGURIO. Guiñaré un ojo y me morderé los labios. Espera, no; hagamos otra cosa. ¿Cuánto tiempo hace que no habláis con este fraile?
MICER NICIAS. Más de diez años.
LIGURIO. Está bien, le diré que os habéis vuelto sordo y vos no responderéis ni diréis nada a menos que nos dirijamos a vos a gritos.
MICER NICIAS. Asà lo haré.
LIGURIO. No os inquietéis si digo algo que os parezca contrario a lo que deseamos; porque todo cuadrará a nuestro propósito.
MICER NICIAS. Sea en buena hora.