La Mandrágora
La Mandrágora FRAY TIMOTEO. Bien. Fueron a casa dispuestas a hacer lo necesario; no habrá dificultades porque su madre irá con ella y la meterá en la cama.
MICER NICIAS. ¿De veras?
FRAY TIMOTEO. Vaya, ¡estáis curado de la sordera!
LIGURIO. Por la gracia de San Clemente[38].
FRAY TIMOTEO. Pues habrá que ponerle un exvoto, para que la cosa se sepa y no seáis vos el único que saque provecho del milagro.
MICER NICIAS. Dejémonos de historias que ahora no cuentan. ¿Pondrá mi mujer dificultades en hacer lo que yo quiero?
FRAY TIMOTEO. No, os lo aseguro.
MICER NICIAS. Soy el hombre más feliz del mundo.
FRAY TIMOTEO. Lo creo. ¡Pescáis un hijo varón y los demás que se arreglen!
LIGURIO. Id, hermano, a vuestras oraciones, y si necesitamos algo más iremos a buscaros. Vos, señor, id junto a ella para mantenerla firme en lo acordado y yo iré a decir al maestro Callimaco que os mande la poción. Procurad verme dentro de una hora, que organizaremos lo que hay que hacer a las cuatro[39].
MICER NICIAS. Bien dice, ¡adiós!
FRAY TIMOTEO. ¡Id en paz!
CANCIÓN