Blackout
Blackout Shannon capturó todo en su cámara: reuniones privadas, intercambios de datos, instrucciones codificadas para el siguiente asalto cibernético.
—Tenemos suficiente —dijo ella, apretando el disco duro como si fuera una granada—. Si lo publicamos, los detendremos.
—¿Y quién lo creerá en un mundo sin luz, sin internet, sin esperanza? —replicó Manzano, la voz cargada de amargura.
Mientras escapaban del edificio, las alarmas comenzaron a sonar. No eran para ellos. Era la cuenta regresiva: los atacantes habÃan iniciado la fase final. Las plantas nucleares restantes serÃan saboteadas; las pocas redes funcionales, colapsadas.
En ParÃs, Lauren Shannon transmitió el material a través de una red satelital militar de emergencia, arriesgándolo todo. La filtración llegó a manos de Michelsen en BerlÃn, justo a tiempo.
—¡Tenemos nombres! —gritó uno de los oficiales de seguridad—. ¡Podemos actuar!
La ministra, agotada pero firme, ordenó redadas simultáneas en toda Europa. Fuerzas especiales irrumpieron en oficinas, plantas, casas ocultas. Capturaron a tecnócratas, empresarios, hackers renegados.
Pero no todos pudieron ser atrapados.