Blackout
Blackout En Milán, Manzano, sabiendo que su tiempo era limitado, intentó desactivar remotamente uno de los ataques programados. Sus dedos volaban sobre el teclado. Las líneas de código eran como venas negras en la pantalla, pulsando, resistiéndose.
—Vamos, maldita sea —susurró, sudando frío.
Shannon vigilaba la puerta, un cuchillo improvisado en su mano. Los hombres de Khalifa estaban cerca. Muy cerca.
Manzano finalmente encontró el núcleo del sabotaje: un virus implantado en millones de contadores inteligentes. Un simple comando podía reiniciarlo todo... o destruirlo.
—¿Estás seguro de que funcionará? —preguntó Shannon, sin apartar los ojos de la entrada.
—No —respondió él con brutal honestidad.
Y pulsó Enter.
Un silencio aterrador los envolvió. Y luego, lentamente, los dispositivos comenzaron a apagarse... y luego a reiniciar.
Las redes sobrevivientes comenzaron a estabilizarse. Algunas ciudades encendieron débiles luces, como suspiros en medio de la noche. Los hospitales recuperaron energía mínima. Los trenes varados pudieron reanudar su marcha.
No era la salvación.
Pero era vida.