Fuimos soldados
Fuimos soldados “Nos abandonan mientras nos lanzan a la muerte”, le había espetado con una rabia contenida. Willy, acostumbrado a su papel de líder inquebrantable, solo arqueó una ceja, tratando de mantener la calma. Pero Lazarte continuó, su voz se hizo cada vez más cortante, cada palabra un reproche. Finalmente, con un gesto inesperado y violento, desenrolló el diario que llevaba en la mano para revelar la granada oculta en su interior, una amenaza silenciosa de lo que estaba dispuesto a hacer.
“Si no peleamos nosotros, ¿quién lo hará?”, desafió, con los ojos fijos en Willy. El líder montonero intentó disuadirlo, pero Lazarte estaba más allá de las palabras; su mirada transmitía un fervor que rayaba en la desesperación. Willy finalmente cedió. “Vete”, le dijo, el tono helado de su voz sellando su expulsión de Montoneros. La Organización había sido su vida, pero esa tarde, bajo el cielo gris de Buenos Aires, Lazarte sintió que se quedaba verdaderamente solo.
Ahora, en México, Lazarte reflexiona sobre aquella escena como si aún tuviera a Willy delante. ¿En qué se ha convertido? ¿Qué queda de aquel guerrero dispuesto a inmolarse por sus ideales? En la soledad de la habitación, aprieta los puños, pero no siente el mismo ardor de aquellos días. Las dudas lo invaden, y por primera vez, el peso de la derrota le aplasta el alma.