Fuimos soldados
Fuimos soldados La guerra no comenzó con disparos, ni con explosiones, sino con un silencio aterrador que se extendió por Argentina. Un país desgarrado, donde los rostros conocidos se desvanecían en sombras y donde las calles, alguna vez familiares, escondían secretos mortales.
La vida de Lazarte en el exilio parecía un callejón sin salida, hasta que el rumor de un secuestro improbable llegó a sus oídos. Lo primero que sintió fue una sacudida en el pecho, una mezcla de ansiedad y esperanza. El objetivo era claro: un alto ejecutivo de la papelera Kimberley Clark, estadounidense y con suficiente poder e influencia como para garantizar una suma cuantiosa en caso de rescate. Aquel plan era su boleto para volver a la acción y, si todo salía bien, para reagrupar a sus soldados y continuar una lucha que parecía cada vez más lejana.
