Ellos ya saben (3I/Atlas)
Ellos ya saben (3I/Atlas) Lo llamamos cometa 3I/ATLAS. Pero no era un cometa. Era un transmisor. Y al activarlo, cometimos un error que jamás podremos revertir.
Nunca en la historia reciente de la humanidad un astro habÃa despertado tanta expectación como el cometa designado 3I/ATLAS. Su misma naturaleza era un insulto a la noción de pertenencia: no provenÃa de nuestros cielos, ni de la nube de Oort, ni de los confines helados del sistema solar. Era un extraño, un intruso venido de regiones cuya cartografÃa no figura en las matemáticas humanas.
Lo descubrimos tarde, cuando su luz espectral ya arañaba las lentes de nuestros telescopios. Viajábamos, sin embargo, a su encuentro como si esa huida silenciosa a doscientas mil leguas por hora nos concediera una cita inevitable. Hubo júbilo cientÃfico y titulares rimbombantes. Se dijo que estábamos frente al tercer mensajero interestelar, sucesor de Ê»Oumuamua y Borisov. Se habló de historia, de gloria, de un salto irrevocable hacia lo desconocido.
