El albatros negro
El albatros negro El mar ruge más fuerte esos días. Como si algo ancestral se agitara bajo las olas. Lucía camina en círculos, inquieta, paranoica. Cree que la siguen. Los cajones de la cocina aparecen abiertos, los papeles de su despacho revueltos, y la maqueta de un galeón yace rota en el suelo. Y entonces, el frío. Un viento helado entra por las ventanas abiertas de par en par. Algo entra, o alguien. Y el cuerpo de Lucía es encontrado desnudo, en posición fetal, congelado, como si el océano hubiera reclamado a una de las suyas. No hay testigos. Solo el silencio y una fotografía rota.
La muerte no parece natural.
—¿Te das cuenta de lo que has hecho? —le había preguntado Marco años atrás, mientras bailaban entre mapas antiguos y criptogramas incompletos—. Estamos persiguiendo un fantasma. —Un galeón —le había respondido ella—. El Albatros Negro.
Marco y Lucía dedicaron su vida a buscar el tesoro de Olivier Levasseur, el pirata francés ejecutado en 1730. El criptograma que dejó atrás fue su obsesión. Marco murió sin resolverlo, pero Lucía, ya sola, encontró una nueva pista. Un nuevo código. Una revelación. Y no lo contó a nadie.
