El albatros negro
El albatros negro En paralelo, un flashback nos lleva al siglo XVIII. Vigo, año 1700. Una joven entomóloga, de mente aguda y mirada rebelde, desafía el orden establecido. Su historia, aún entre sombras, parece tener una conexión invisible con los secretos que Lucía guardaba.
El pasado comienza a filtrarse en el presente como el agua en un casco agrietado. Y la corriente solo acaba de comenzar.
La autopsia revela lo improbable: Lucía murió de frío... pero no hay señales de cómo o por qué se enfrió tanto el ambiente. La escena no tiene lógica. No hay cerraduras forzadas, ni rastro de fármacos. Solo una certeza perturbadora: ella sabía algo. Y ese algo la mató.
Pietro Rivas recorre la casa. En la planta alta, donde Lucía dormía, encuentra una caja de seguridad camuflada tras una estantería. Dentro, mapas antiguos, cartas marinas y una libreta de notas manuscrita con una caligrafía precisa. En la última página, una frase subrayada: “El Albatros Negro existe. Y alguien más lo sabe.”
—¿Y si no estamos buscando un asesino? —sugiere Nagore—. ¿Y si esto es el inicio de algo más grande?
