El Padrino
El Padrino La muerte de Sonny y Apollonia dejaron a Vito Corleone más viejo y derrotado que nunca. Pero en Michael, despertaron algo más oscuro. Regresó a Nueva York no como el joven idealista que una vez fue, sino como un hombre moldeado por la pérdida y el deber.
—El negocio necesita una cabeza frÃa, Michael —le dijo Tom Hagen al recibirlo en la mansión familiar—. Tu padre no puede hacerlo todo.
Michael no respondió. Sus ojos ya reflejaban la determinación de quien entiende que el poder y la venganza son dos caras de la misma moneda.
En una reunión con Vito, la transición fue silenciosa pero poderosa.
—Tienes que hacerlo a tu manera —dijo el Don, tocando el hombro de su hijo menor—. Pero recuerda: un hombre que no cuida de su familia no puede ser un verdadero hombre.
Michael asintió. En ese momento, aceptó la herencia de sangre que corrÃa por sus venas.
Michael Corleone se convirtió en el rostro del poder que una vez rechazó. La mansión familiar, con su aire de fortaleza, ahora era su dominio. Aunque Vito seguÃa siendo el Don de nombre, Michael movÃa los hilos en las sombras, preparando el tablero para lo inevitable: consolidar el imperio de los Corleone y destruir a quienes lo habÃan debilitado.