El Padrino
El Padrino Mientras tanto, la organización Corleone estaba más fuerte que nunca. Las otras familias se habÃan reducido a cenizas o subordinadas a su poder. Las Vegas, el juego y los negocios legÃtimos eran su nueva cara, pero la sangre derramada para lograrlo nunca dejarÃa de teñir su legado.
Connie regresó a la mansión, rota pero aparentemente resignada a su destino. Se movÃa como un fantasma, cuidando de los niños de Michael, pero sus ojos estaban llenos de algo que no era ni perdón ni olvido.
—¿Estás satisfecha, Connie? —le preguntó Michael un dÃa, intentando acercarse.
Ella lo miró, sin expresión alguna.
—¿Satisfecha? Somos Corleone, Michael. La satisfacción no existe para nosotros.
El tiempo pasaba, pero la carga de las decisiones de Michael no hacÃa más que aumentar. Se convirtió en un hombre paranoico, desconfiando incluso de los que le eran más leales.
Un dÃa, Tom Hagen, su consigliere y amigo de toda la vida, le ofreció un consejo.
—Michael, no puedes controlarlo todo. A veces, dejar ir es la única manera de mantener el poder.
Michael lo despidió con un gesto, pero las palabras quedaron resonando en su mente. ¿Dejar ir? No habÃa dejado ir nada, ni siquiera su humanidad, que habÃa luchado tanto por sofocar.