El Padrino
El Padrino Kay finalmente tomó su decisión. En una tarde silenciosa, mientras Michael estaba ausente, empacó lo esencial y se llevó a los niños. Cuando Michael regresó, la casa estaba vacÃa.
Él permaneció inmóvil, mirando las habitaciones desoladas. Fue entonces cuando comprendió que habÃa ganado el mundo, pero habÃa perdido todo lo que importaba.
DÃas después, Michael se sentó en el jardÃn, el mismo donde su padre habÃa caÃdo. La luz del atardecer bañaba su rostro, pero no lo calentaba. Las sombras parecÃan alargarse a su alrededor, envolviéndolo como el manto que habÃa tomado con tanto orgullo.
Cerró los ojos, escuchando el eco del viento entre los árboles. En ese silencio, Michael encontró la respuesta que siempre habÃa temido: la soledad era el precio del poder. Y en esa soledad, reinaba como el último Corleone.