La tía Julia y el escribidor
La tía Julia y el escribidor Esa escena deja huella. Marito, recién casado, aún buscándose a sí mismo, comprende que escribir —como amar— puede llevarte al borde del abismo. Y sin embargo, no se arrepiente. Ni de Julia ni de la literatura.
En Lima, la noticia del matrimonio cae como una bomba. La familia se quiebra. Algunos lo repudian, otros, en silencio, comienzan a resignarse. Julia es ahora su esposa. No hay vuelta atrás. Pero tampoco hay aplausos. Todo lo que viene será cuesta arriba.
Y sin embargo, hay algo limpio en la decisión. En medio del escándalo, de la soledad social, de la tristeza en los ojos de sus abuelos, Marito siente que, por primera vez, ha hecho algo que realmente le pertenece.
Tras el matrimonio, la vida de Marito y Julia da un giro seco, como el cambio de estación en Lima: sin aviso, sin suavidad. Vuelven de Huancayo a una ciudad que ya no les pertenece. Nadie los espera con flores. No hay recepción, solo silencio, reproches, puertas cerradas. La familia, ofendida, mantiene la distancia. Marito ha dejado de ser el hijo ejemplar, el sobrino prometedor, el joven escritor en ciernes. Ahora es simplemente “el que se casó con su tía”.