La tÃa Julia y el escribidor
La tÃa Julia y el escribidor Pedro Camacho, mientras tanto, escribe sin parar. Pero algo en su obra empieza a chirriar. Las historias, antes coherentes y lineales, se vuelven más oscuras, bizarras, repletas de crÃmenes, personajes deformes, giros imposibles. Nadie en la radio se atreve a cuestionarlo. Su genio va de la mano con su locura.
Varguitas, por su parte, comienza a dejar de lado su vergüenza. En un acto que parece impulsado por la misma necesidad de escribir, empieza a visitar a Julia más seguido. Ya no le importan los comentarios de la familia ni los códigos morales heredados. El amor —o el deseo, o ambos— lo arrastran.
—Yo te invito —le dice Julia una noche, con tono burlón, cuando él se queda corto de dinero en el cine. Pero lo que realmente está comprando es el tiempo juntos, el secreto compartido.
Sus encuentros se vuelven más frecuentes, más Ãntimos. Hay risas, juegos, ironÃas… y, cada vez más, silencios cargados. Marito empieza a escribir con más intensidad. Siente que vivir —vivir de verdad, amar, desafiar— le da nuevas palabras, nuevos ritmos. Julia, sin quererlo, se convierte en su musa.