Amalia
Amalia —Para eso ha venido.
—Mira; aquí entre los dos, yo también lo creo; y es por eso que venía a verte. Ha habido un contraste.
—¿En quién? —preguntó Daniel, con viveza, sonrojándosele un poco el semblante, donde en pocos días habían hecho un notable estrago las diferentes impresiones que invadían su alma. Pálido, ojeroso, desencajado, se parecía más ese día a un joven libertino que echa la vida y la salud por la puerta de los sentidos, que a un joven que vive la vida del corazón y la inteligencia.
—Toma, lee.
Daniel desdobló un papel que le daba Don Cándido y leyó:
San Pedro, 1º de septiembre.
Hace dos días que se presentó Mascarilla con mil hombres, a tomarnos el pueblo, que mostró una decisión extraordinaria, rechazándolo vigorosamente.
Traía una pieza de cañón, ciento cincuenta infantes y como seiscientos jinetes. Atacó por dos puntos. Penetraron un momento hasta la plaza; pero fueron repelidos por nuestro vivísimo fuego. Las pérdidas pasa de cien hombres.
Adjunto a usted copia de la comunicación que he recibido del General.
Mañana le escribiré detalladamente.